Las “redvoluciones” y la democracia del siglo XXI

21 Febrero 2011

Moldavia, Irán, Túnez, Egipto…son sólo algunos ejemplos recientes e históricos de cómo Internet y las redes sociales han cambiado el rol de la ciudadanía en su relación con el poder. Hay quien dice incluso que el binomio formado por la Red y los ciudadanos conforma el “quinto poder”, asumiendo en su desempeño las deficiencias o carencias de las que adolecen los otros cuatro y augurando una era de esplendor para la democracia en todo el orbe. Yo creo, honestamente, que no hay que dejarse llevar por el optimismo o la euforia, que suelen ser la antesala de desagradables frustraciones, y asumir con más mesura el papel del universo online en los seísmos políticosque están sacudiendo el mundo en los últimos años.

El papel de Internet y su progenie de blogs y redes sociales (Facebook, Twitter…) ha sido y es indudablemente relevante en la forma de hacer y percibir la política en este siglo XXI (que se lo pregunten al presidente Obama). Gracias a ello, el derecho a la información y la libertad de expresión se han universalizado y democratizado más que en ninguna otra centuria, equilibrando así la relación entre gobernantes y gobernados. Se podría decir que la Red ha permitido al ciudadano no tener que esperar a los comicios para pedir explicaciones, evaluar decisiones o ajustar cuentas con el regidor.

Igualmente, este mundo interconectado donde la información y la opinión poseen los dones de la instanteneidad y la ubicuidad ha habilitado una mejor organización y coordinación de los movimientos populares (que no necesariamente tienen por qué ser violentos, como ha quedado patente), especialmente los de índole socio-política. Y es bajo esta óptica, la organizativa, desde la que hay que calibrar la influencia de Internet y las redes sociales en las convulsiones políticas que se está viviendo en los últimos años. Creer que Facebook o Twitter son los máximos responsables del triunfo de las protestas cívicas es otorgarle un inquietante papel de Doctor Caligari que en absoluto se corresponde con la realidad. Las redes sociales agilizan la coordinación de iniciativas y el intercambio de información entre indiviudos, nada más y nada menos. Son herramientas, no causas. Por ello, los argumentos y las claves del éxito hay que buscarlas en el mundo offline. Por ejemplo, si no existiera un caldo de cultivo previo y propicio en términos sociales y políticos, como sucede en el agitado mundo árabe, ya se podrían promover a través de las redes sociales cuantas acciones se quisiera que tendrían una trascendencia nula.

Que gracias a Internet se tiene acceso más rápido y amplio a motivos para poner el grito en el cielo es algo difícil de cuestionar, habida cuenta de los intentos de ciertos gobernantes para cercenar o sesgar el acceso a la red, pero eso no debe llevarnos a pensar que es el factor definitivo para que triunfe cualquier reclamación popular. Del mismo modo que Internet se ha convertido en una cornucopia informativa para los ciudadanos que no quieren ser tratados por sus mandatarios como sumisos borregos, las redes sociales se han transformado en un inmenso foro que ahorra tiempo y esfuerzos a la hora de poner de acuerdo a mucha gente. Ni más ni menos que eso.

En resumen: Bienvenidas sean las causas para intentar hacer de éste un mundo más justo y bienvenidas sean las herramientas que, como Internet, ayudan a luchar por ellas.

Y, de propina, una duda que dejo al lector contestar: ¿Dónde hay más democracia: dentro o fuera de Internet?

Javier Crespo Cullell

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