Empresas 2.0: ¿Del “boom” al “crash”?

23 mayo 2011

Recientemente he leído un par de artículos (1 y 2) muy interesantes en los que se analiza si, tal y como temen algunos en la intimidad, el mundo tecnológico está abocado al estallido de una nueva burbuja, en esta ocasión, protagonizado no por las “puntocom“, como en 2000, sino por las “2.0“, esto es, Facebook, Twitter, LinkedIny compañía. Algo lógico si somos conscientes que se ha pasado de la imperiosa necesidad de “estar” en Internet, ya superada, a la de “ser” o “pertenecer” a una red social, en pleno apogeo actualmente.

Si bien es cierto que en torno a la web 2.0 en general y las redes sociales se ha originado una euforia ciega que nunca es aconsejable, personalmente creo que no tiene mucho sentido plantear ahora un debate tan agorero entre apocalípticos e integrados tecnológicos, primero porque no hay indicios que inviten a tal polémica y segundo porque la coyuntura económica internacional no es la mejor para hablar a la ligera de burbujas y menos del estallido de las mismas.

Además, a diferencia de la burbuja puntocom en la que había valoraciones desorbitadas de páginas sin apenas tráfico, hoy nos encontramos con realidades como los 700 millones de usuarios de Facebook, o los 200 de Twitter, etc que son una base bastante más sólida sobre la que construir un modelo de negocio sostenible que las expectativas más difusas del pasado. En eso, la anterior burbuja nos enseño algunas lecciones

Sin embargo, del mismo modo que convendría rebajar el entusiasmo circundante a las aplicaciones 2.0, habría que enfriar el alarmismo que desde dentro y fuera del sector tecnológico se empieza a airear respecto al devenir económico y empresarial de las entidades que hoy son santo y seña en Internet. ¿Por qué? Por lo siguiente: Sería conveniente recordar algo que precisamente se aprendió con la crisis de las “puntocom” hace más de diez años:
1. La directa dependencia de los hábitos, las modas y las apetencias de los usuarios, similar a la que padece la volátil programación televisiva, ha convertido al sector tecnológico en un especialista en crear y destruir mitos por sorpresa, en encumbrar y derribar con idéntica intensidad, al igual que sucede en el ámbito deportivo o cinematográfico, por ejemplo.
2. Como muchas otras cosas en la vida, no es bueno invertir capital económico ni humano en algo por mera moda, gregarismo o sola especulación, porque es el atajo más rápido al fracaso.
3. No hay recetas infalibles ni fórmulas mágicas para asegurar la bonanza, la prosperidad y el éxito, del mismo modo que no hay un método indefectible para pronosticar fiascos.
4. En ausencia de certezas o pronósticos irrefutables, hay que actuar y pensar con cautela cuando hablamos de un campo como el de la tecnología donde tras los rutilantes escaparates y titulares hay un extenso camposanto de nombres, marcas, empresas y aplicaciones que antaño eran consideradas intocables e inmortales.

Por tanto, ni las empresas de Internet son el rey Midas ni son la caballería del Apocalipsis. Y esto es algo que olvidan tanto los que se temen lo peor como quienes encumbran con mucha pasión y poca prudencia a empresas como Facebook o Twitter o quienes visten de mesías a gente como Mark Zuckerberg.

Tampoco hay que perder de vista que, como cualquier otra empresa hoy en día, las “2.0” dependen de esa ruleta en la que se ha convertido los mercados económicos y en la que los grandes fondos de inversión han convertido la viabilidad económica de cualquier tipo de actividad en una partida en el casino. Algo lamentable y peligroso, pero real porque ya ha sucedido en todas las oleadas tecnológicas desde el ferrocarril en el s XIX..

Es decir, que en un ecosistema tan mudable, cambiante y sorpresivo como el tecnológico, es mejor no jugar a Nostradamus ni creer en griales.

Además, como muchos otros miedos, las burbujas económicas o sectoriales sólo estallan cuando socialmente se cree en ellas…así que mejor dejar las cosas tranquilas, no vaya a ser que fabriquemos un problema de la nada.

En definitiva: Cuando hablemos de empresas e Internet, mejor no lanzar las campanas al vuelo…no sea que nos caigan encima  el día menos pensado.

Javier Crespo Cullell

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